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domingo, 17 de julio de 2011

Cisne Blanco, Cisne Negro

Hay ocasiones en los que a Migue, lo confieso, le gustaría ser fuerte y tener entereza, avanzar con paso firme y realizar los movimientos precisos y justos. Ser como una bailarina principal de ballet, ponerme sobre unas puntas y ejecutar la rutina del último acto de 'El lago de los cisnes' sabiendo que todos los detalles que crearon la imagen del cisne blanco tuvieron su reflejo en un espejo negro, como un cisne corrompido en su corazón.

La idea de la polaridad entre ambos personajes del cisne en el ballet me ha fascinado siempre, pero admito que la película, 'Cisne negro', ha tenido cierta influencia últimamente en mí. Esa sensación de poder llegar a los extremos de la mente humana, andar en una fina hebra que puede romperse en cuestión de instantes si la precisión no es milimétrica y caer en lo más profundo de tu ser. Es ser blanco y ser negro, pasando por toda la gama de grises.

Y hay momentos en los que Migue, el cisne blanco, se siente desprotegido, forjado en un cristal hiperdelicado, capaz de fracturarse en mil y un cristalitos pequeños. Sé que es una estupidez, que hablar de esto no hará más que seguir haciéndome daño, pero sé que es lo que mi corazón me pide en estos momentos, y lo que no puedo dejar es que, como dice la canción, mi corazón me rechace. Mi corazón me está rechazando, al menos está rechazando a Migue, y está creando a su alrededor una capa de plumas negras, y Heras está impregnando con su presencia todo su ser.

Puede que alguien tome lo de las plumas como una coña barata, un intento de mofa por una condición sexual, que puede ser la que a mí me apetezca, o no. Y, aunque suene estúpido, me alegro que anoche, mientras estaba fuera, el cisne negro saliese a relucir, y ante los gritos provocativos de cierto energúmeno, salido de las entrañas de un lugar al cual no quiero volver ahora que he salido, hubiese únicamente indiferencia. Sé que mucha gente piensa que soy fuerte, que tengo un caparazón y que las cosas no me afectan tanto últimamente, que he conseguido transformarme en un ser más duro, pero no es así. Que no grite, o discuta, o me enfade tanto como antes, que no descubra mi carácter tanto, no es más que un método de defensa.

Estoy harto de ser juzgado por lo que soy y no por quién soy. Sé que soy una buena persona, aunque esté mal que uno mismo lo diga, pero sé que no merezco ciertos tratos de cierta gente. Sé también cuales son mis defectos, que es lo que me hace perderlo todo, pero sé que no he hecho nada tan sumamente grave.

Estoy harto también de personas que se creen por encima del bien y del mal, que manipulan y que lo único que hacen es provocar y causar daño, daño y más daño. Que son incapaces de permitir a alguien mostrar sus verdaderos colores y mostrar lo buenas personas que son, porque en el fondo lo son. Así como también estoy harto de personas tan sumamente manipulables que pierden el respeto a sí mismos y todo el amor propio por un poquito de aceptación. Que se venden a ellos mismos y venden todo su pasado porque lo único que quieren es sentirse parte de la mayoría.

¿Y qué si no se es de la mayoría? ¿Qué es lo necesario? ¿Ser parte del ballet de fondo o ser la figura principal? Todo merecemos un papel principal en nuestra vida, de mayor o menor relevancia, pero principal. No podemos conformarnos con ser meros palmeros del resto, guiarnos por las personas que nos rodean siempre. Debemos saber desmarcarnos cuando hay que hacerlo y ser capaces de meter el puñetazo en la mesa. Ser capaces de decir: 'os aprecio, pero hay otra gente a la que también aprecio aunque no os llevéis bien'; y no aceptar, ni remotamente, la marginación y el ridículo que se hace sobre un tercero por parte de ese grupo mayoritario cuyo único valor principal es la ausencia de personalidad, el conformarse siendo las bailarinas que nunca dicen 'aquí estoy'.

Sé que hay quien, por esta entrada, se pueda dar por aludido, pero ya está bien de callarse las cosas. Ya está bien de ser Migue para todo, ya está bien de permitir que me hieran y que me ataquen. Ya está bien de dejar que arranquen todo lo bueno en mí, y quieran quedarse con una figura negra de mí, una voluta de humo. Es suficiente.

No tolero. No consiento.
Y si alguien quiere atreverse a atacarme por ser quien soy, por ser lo que soy, que lo haga, adelante. Pero que lo haga frente a mí, que sea capaz de hacer las cosas como hay que hacerlas. Con valentía y no porque el grupo grande ataque ellos deban atacarme. Estoy harto ya de personas inverbes, de pequeños hipócritas que el único sentido que tienen en sus vidas es dejar a sus amigos arrastrados por personas que nunca han estado ahí.

Ser amigo no es tener los mismos gustos. Ser amigo es estar ahí y apoyar, saber aceptar al otro y quererle y respetarle de la misma manera que el otro lo hace. Es no tener miedo de quedarte fuera del mundo por una única persona.

Y si tienes miedo de quedarte solo, ahora, acepta las consecuencias de tus actos.
Y si tienes miedo de quedarte solo, ahora, no vengas buscando a Migue, porque quien estará aquí será Heras para recordarte, en un segundo, que le mentiste y le atacaste. Estará el cisne negro de mi personalidad para recordarte que, tan amigo que me consideraste, has sido incapaz de darme una buena razón para abandonarme de la manera que lo has hecho, y que has sido incapaz de decir 'no', y has dejado que una persona se mofase de mí y me ridiculizase en toda mi cara.
Y si tienes miedo de quedarte solo, ahora, te lo has merecido.

Y si no tienes miedo de quedarte solo, solo un consejo te voy a dar: cúbrete las espaldas, porque no hay nada peor que alguien hipócrita. Y si tú, un hipócrita, se junta con más hipócritas, vas a acabar sufriendo las consecuencias tarde o temprano.

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